Es hora de volverse azul
Casi se pasa un mes sin entrada. Pero no, aquí está.
Y total ¿para qué?
Para mucho. Para dejar constancia que el otoño anda juguetón. Los días amanecen todo lo limpios que se puede (en Madrid), con un aire frío en el que, las pequeñas e inevitables partículas que flotan, lo hacen llenas de brillos, de irisaciones transparentes, y dando vueltas sobre sí mismas como en un movimiento de rotación un poco descompensado: lo justo para que las elipses, que lo son por milímetros en la curvatura, que describen sobre sí mismas las transporten, poco a poco, hasta el confín del mundo conocido.
Luego, al mediodía, ya hace más calor.
Y por la tarde, por la noche -a las seis de la tarde ya es casi de noche, y a las seis y media ya es noche completa-, vuelve a refrescar. De madrugada hace mucho frío.
Esta madrugada me quedo escribiendo, preparando las pregunta de una entrevista. Antes con este texto que es para coger carrerilla, para que quede claro que estamos disfrutando de un otoño maravilloso, que sólo falta que llueva un poco más.
Que yo estoy muy feliz y que, el que todo esto quede escrito, no es sino prueba de ello.
Que es la una y cuarto (casi) de esta fría madrugada y, no más tarde, ni tampoco antes, ahora es...
Es hora de volverse azul.
