Estos días, mientras paseo, durante la pausa para comer o ya por la tarde, al salir de la oficina, la canción que más escucho es una de The Sound of Arrows, la que se llama 'Danger!' Excelente lo que ha publicado hasta ahora este simpático dúo sueco, tanto conjuntamente, como por separado en otros proyectos musicales.

De hecho, esa canción, tan absolutamente pop como emotiva y, al tiempo, vigorosa, convenció con su desarrollo, con su melodía perfecta desde el principio y creciente a medida que las estrofas pasan, convenció a todos los que no la conocían, que eran mayoría, en la última pinchada hasta la fecha, que fue el pasado día 10 en un sitio nuevo para mi a los platos, el Independance Club.
Fue todo muy bien allí, la sesión, la noche alargándose hasta por la mañana y, sobre todo, tres satisfacciones muy grandes: la cantidad de amigos que vinieron, que los que llevan el club hayan decidido volver a contar conmigo en el futuro y, también, que esa canción que comenzó siendo una desconocida para casi todos, al final, todos la quisiesen, la hiciesen suya y se acercasen a mi, a preguntarme por ella, para llevársela a casa -resonando en los oídos- y luego comprarla, o bajarla gratis, que para eso los autores la regalan.

Compartir lo que a uno más le gusta, y ver que gusta a los demás, es una gran gran alegría.

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Estos días, cuando camino por la calle, por los alrededores de mi oficina, como siempre... procuro desvariar; abonar el pensamiento dislocado y, en la medida de lo posible, vagar mi cabeza lo máximo que sea yo capaz, por el placentero mundo de las cosas que no son, pero que muy bien podrían ser. Los problemas ocultos con soluciones imaginarias. El rojo que, además de rojo, es verde, es azul, es amarillo, es gris y es color tierra -o color caca, según se mire-. El mundo en el que todos podríamos volar y en el que, con los pies en la tierra, cualquier ser puede haberse mezclado con cualquier otro y, sí, a su vez ser producto de otra ignota mezcla. Y así.
Ya pondré ejemplos.

Lo importante es pasear a buen ritmo, tener la mente despejada y, aunque uno de el paseo solo, no sentirse solo.
Sólo no aburrirse, sólo no sentirse solo, eso es lo importante.

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En esos días de paseo errabundo, o decidido y con destino, pero siempre atentamente despistado, hay golpes que a uno lo bajan de su nube sonriente: un coche que, haciendo el cafre, casi atropella a un peatón que iba por la acera; un mendigo, pobre de solemnidad; una frutería que vende los tomates bastante más caros que la heroína y que, sin duda, la fruta que surte a la Casa Real, será regalada, y pagado por tanto -y a escote- por el resto de los que compren en dicha frutería verdulería.

El peor de esos golpes, o bocados que la realidad nos mete, ha sido el que, para bien, ha hecho que retome los versos y que, a través de eso, vuelva al blog.
Pensaba abrir otro, sólo de poemas, y quizá lo haga. Me lo llevaría más o menos lejos, para evitar los parabienes y también las servidumbre de la siempre bienamada comunidad bloguera coctelera. Pero, de momento, no lo he hecho.
Así que, señoras, señores, señoritas y señoritos, ahí voy... aquí voy.

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-Peligro!-

Hoy me he fijado
hace tiempo que lo veo
los hombres con traje
que antes parecían viejos
ya visten caras, ahora
de mi misma edad.

No me ha quedado más remedio
-antes de que sea
demasiado tarde-
debo recuperar la poesía.

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Lo he pensado. He llegado a la oficina. Lo he escrito.
Ahora lo he transcrito, cambiándolo muy poco.
Es válido como pulsión; espero que a alguien le llegue, y le guste como poema.

Aquel fue un buen mediodía: me gasté unos euros, anduve, boquee un momento frente a la realidad y, con cierto esfuerzo, me recompuse. ¿Demasiado? Quizá. Pero es que, a la vez -que no a cambio- conseguí comida rica, salud, porvenir y poesía.

¡Bien!