Ya ni me acuerdo qué iba a escribir. Pero sí, iba a ser algo sobre Astrud, que fueron un tiempo Stardu. Ahí están las primeras canciones para acreditarlo. Cuando Austrohungaro aún no era Austrohungaro. En realidad, aunque todo esto parezca un juego de palabras... lo es.
Todo es un juego de palabras. Al menos, todo -o casi todo; ya empezamos con las excepciones- lo que se refiera a Astrud.

Y esto ¿a qué viene?

Es difícil saberlo.
Igual sólo es que el que escribe estas líneas tiene la cabeza muuuy agitada tras varias semanas de excesos laborales -los excesos, dicen, nunca son buenos; los laborales, sin duda no lo son en absoluto-.
En fin, que antes se me había ocurrido un post excepcional sobre Stardu/Astrud, y ahora sólo estoy pariendo una serie de líneas, una tras otra, bastante llenas todas de digresiones -o sea, más difíciles de leer seguidas- y en cierto modo carentes de contenido. O, más bien, en modo cierto carentes de casi cualquier contenido.

Porque sí, hay un contenido, pero ¿cuál?

Astrud.
O Stardu.
Ese es el contenido.

Y todo esto es en verdad excepcional. O lo será, espero.
Una excepción porque, imaginate -¡tú!- que lees esto, o algo parecido, cada vez que entras en el blog.
Esto no es prosa experimental. No no no nonó.
Esto es otra cosa.

Esto es un truño.

Y Astrud, en cambio, es algo maravilloso.
Y Stardu también, aunque algo menos.

¡Amén!

***

¿Cuántos posts que no van a ningún sitio hay publicados en el weblog lapidario?