En un reportaje muy interesante sobre la calidad del aire en Madrid se mostraban al detalle dos partículas de polen. Una de campo y otra de ciudad, de esta ciudad donde vivo y que me hace llorar (y moquear).
La de campo era algo vegetal, redondo, limpio, algo que parecía vivo o parte de la vida.
La de Madrid era un amasijo abominable, un cadaver, casi un zombie cinematográfico, sin rostro. Sobre la esfera de polen había pegados mil residuos de suciedad, había paredes erosionadas por quién sabe qué veneno, el color de esa bola inmunda estaba directamente sacado de una nube de humo tóxico, de smog, de polución densa.
Uno podría, también, llorar de miedo sólo con ver eso, con pensar en eso entrando por el tabique nasal.
Aunque bueno, a los que deciden sobre la vida de los demás no les es ajeno meterse por la nariz cosas peores; o mejores, si de lo que se trata es de dejar de ser capaz de llorar.
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Cambiamos aire por polución. Y, en general, vida por muerte, es decir, lo inaprensible e incontable, la vida, por cualquier otra cosa, cuantificable y equivocada. No obstante, la esperanza de vida se amplia.
Cuando nos muramos, nos habremos curado de mucho más padecimientos de los que nunca conoció ser humano antes. Y habremos sido alérgicos (casi) todo el tiempo. Y lo habremos sido todos.
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La famosa frase dice, aproximadamente, que sólo cuando se haya secado el último arroyo, marchitado la última flor y, por ejemplo, asfixiado el último animal, entonces nos daremos cuenta de que el dinero no se puede comer.
Bueno, es una gran frase apóloga. Pero habla del Apocalipsis.
Yo no creo en el Apocalipsis, pero sí creo en el desastre ecológico. Y, antes de que llegue ese apocalipsis, ya hará tiempo que hemos convertido la vida en una mierda, irrespirable, vida alérgena, cancer flotando en una nube aire de mierda.
Igual hay que llorar porque, como no llega el Apocalípsis, las personas no somos capaces de ver claro. De ver más acá de nuestra nariz.

genial. llevaba una mañana de lecturas contaminadas y el lapidario ha sido un soplo de aire fresco!