Uno: Zapatero, Rajoy, ¿no pasan el control antidoping tras un debate? Porque esos ojos abiertos a cualquier precio, los balbuceos de uno, el tic del ojo izquierdo del otro...
Creo que el pipí de candidato serviría para esnifarlo, ayer por la noche. Y en campaña, en general.

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Dos: un gráfico indica siempre lo que uno quiere, no hay más que dibujarlo como es debido. Y si el gráfico indica un crecimiento desmedido y, de pronto, nos hace falta reflejar un hundimiento apoteósico ¡basta con darle la vuelta!
Hasta la victoria, por los gráficos, siempre.

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Y tres: las teorías sobre la política hablan, normalmente, de ideal y de pragmatismo. Tanto uno como otro, para existir, requieren tiempo. Y hoy, nos enseñan, lo que no tenemos es tiempo. Si apenas queda nada del día para el ocio ¿cómo nos nos vamos a dedicar a hacer política?
¡Ah, claro! Por eso la hacen por nosotros esos señores de la tele ayer. Los que perdieron los ideales y confunden repetición y pragmatismo. Pues vaya.

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Afortunadamente: aunque las personas nos juntemos cada día -y más el día de las elecciones- para hacer fuerza en el estúpido empeño de hacer que el mundo y la vida gire en torno a la mentira... no lo conseguiremos.
Lo que une las partes y las mueve como un todo, y hace coherentes los saltos y nos hace fluir y nos ofrece ser felices, eso sigue siendo el amor. El amor, por momentos, vence a la mentira.