En teoría, es la cualidad de ser segundo respecto a otra cosa, que es primera. Segundo o secundario. O sub-campeón -que es casi más que campeón ¿no?-. Pero lo cierto es que, en el diccionario de la RAE, la palabrita no existe.
A pesar de eso -os lo aseguro- pilas enteras de gruesos volúmenes, tochos, libros de texto de Derecho, la emplean con toda soltura para referirse a una cosa que le pasa a la normativa penal económica y que es tan poco excitante como cualquiera se puede imaginar.
El caso es que, aunque los letrados se empeñen, secundariedad no existe.

Así que yo, que lo que quería ilustrar es la idoneidad de una cosa para ser segunda, me puedo inventar otra palabra tan poco oficial como esa. En la práctica, este post se titulará de ahora en adelanta lo que a mi se me antoje. Por ejemplo, segundeidad. ¿Por qué no?
Segundeidad: idoneidad para ocupar el segundo puesto en determinado asunto.

SEGUNDEIDAD

Sí, así se llama.

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Hoy la cosa va de segundos. Así de rápida e imprevisiblemente ordinal es la vida moderna. Es que...

Hoy, segundo día del año -aunque el segundo es el primero, en cierto sentido; por lo que guardo el post y lo publico el tercer día del año que, con toda lógica, es en realidad el segundo- aprovecho para dejar dicho y escrito, en el segundo párrafo del segundo parágrafo del segundo post del día -ahora primer post que, explicado lo anterior y sensu contrario, es el segundo- que, si algún día completo un álbum, o sea, un disco redondo con canciones, la segunda de ellas llevará, a modo de letra, el siguiente texto (de Boris Vian):

Consciente sólo a medias, Wolf intentó un último esfuerzo para parar el timbre del despertador, pero el aparato, viscoso, se le escapó y se refugió, hecho un ovillo, en un rincón de la mesilla de noche, desde donde siguió jadeante y furioso, con su carillón, hasta el agotamiento total. Entonces el cuerpo de Wolf se distendió dentro de la depresión cuadrada llena de pieles blancas en la que descansaba. Entreabrió los ojos y las paredes de su habitación se tambalearon y se derrumbaron sobre el suelo, levantando al caer grandes olas de pasta blanca. Y luego hubo membranas superpuestas que se parecián al mar... en el centro, sobre una isla inmóvil, Wolf se hundía lentamente en la negrura, por entre el ruido del viento que barría los grandes espacios desnudos, un ruido que no cesaba jamás. Las membranas palpitaban como aletas transparentes; del techo invisible caían capas de eter que se expandían en torno a su cabeza. Mezclado con el aire, Wolf se sentía penetrado, impregnado por lo que le rodeaba; y de pronto advirtió un olor verde, amargo, el olor del corazón encendido de las flores de áster de las China, mientras el viento se iba apaciguando.
Wolf abrió los ojos. Todo estaba en silencio. Hizo un esfuerzo, y se encontró de pie con los calcetines puestos. La luz del sol bañaba la habitación. Pero Wolf se sentía incómodo; para tranquilizarse, cogió un pedazo de pergamino y tizas de colores y se hizo un dibujo, que después contempló; pero la tiza cayó pulverizada bajo sus ojos: en el pergamino no quedaron más que algunos ángulos opacos, algunos sombríos vacíos cuyo aspecto general le recordó el de la cabeza de alguien que llevara mucho tiempo muerto. Desalentado, dejó caer su dibujo y se acercó a la silla donde estaba, bien doblado, su pantalón. Se tambaleaba como si el suelo cediera bajo sus pies. El olor de las flores de áster era menos reconocible; ahora se mezclaba con un aroma azucarado, el perfume de una jeringuilla en verano, cuando hay abejas. Una mezcla bastante nauseabunda. Tenía que darse prisa. Era el día de la innauguración, y los municipales estarían esperándole. Empezó a asearse rápidamente.

La traducción de 'L'herbe rouge' de la que está extractado lo anterior es de Jordi Martí.

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La hipotética canción, que luego iría por derroteros acompasados en lo posible a un pasaje tan sustantivamente sonoro y sensual como el anterior, comenzaría, como es lógico, con percusión, que es como comienza 'Mirror People' de Love & Rockets. O sea, la canción siguiente:

Un sonido particular, que hace presagiar la llegada de mi negativo...


Y eso es todo. ¿Esto? Sí, eso eco...
De momento.