Si se abre por una página determinada -aunque, me temo, incierto todo lo inunda el frío.
Entonces, si por ejemplo, tiendes ropa, los dedos se congelan. Los dedos de las manos.
Y si te mojas los pies en un descuido, los dedos de los pies también se congelan.

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Entonces...
Puedes no andar, sentarte a escribir.
Y cada vez que pulses una tecla, tu frágil naturaleza humana te será revelada: la sensación de que vas a romperte; una grieta que llegue desde el mismísimo extremo de tu cuerpo, debajo de la uña, hasta los huesos del codo; y siga y siga...

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Cada tecla, cada pulsación, una revelación.
Igual no da para un libro, al fin y al cabo. Pero sí para una revista (creo).