Sur les fauves
En sus memorias, repasando el arte y las vanguardias que le fueron contemporáneas, Pio Baroja se fija en los fauvistas. Y dice unas cuantas veces que él no le encuentra virtualidad ninguna a aquello de representar las cosas del color que no son, y que no entiende porqué Matisse, Derain o Braque se consideran fieras de clase alguna, por pintar así.

El caso es que a mi me sirve imaginarme como una fauve, cuando llega el momento de pinchar. Sé que no lo soy y que lo de poner una canción detrás de otra no tiene más secreto que el que se desentraña cuando el público asistente baila -o, al menos, mueve el culillo rítmicamente- se ríe y, en general, se lo pasa bien.
Pero, cuando preparo mi sesión, y cuando estoy en ella y me dedico a emborronar lo pulcramente delineado, una vez ya a los controles, cuando añado aquí y recorto acá, improviso y hasta acierto (a veces), en todos esos momentos me siento mejor si imagino que soy, un poco al menos, una fiera -no sé, quizá simplemente un indomable perro que no quiere conformarse con ser animal doméstico- sin miedo a mezclar lo inmezclable, hacer sonar lo inesperado y sorprender suspendiendo las fronteras entre géneros.
Si la gente se lo ha pasado bien, al final, creo que mi ferocidad habrá materializado su virtualidad. Creo que habré encontrado lo que buscaba con un poco del más (relativo y) discreto fauvismo musical.
Y que los árboles debían, en verdad, sonar tan amarillos y el público bailar tan verde y el césped escasear tan azul, como resulta que sonaron una noche.
Así que ¡a seguir así! Y a no repetirse.
Y si a ti te gusta la idea, a venir, o a volver, la próxima vez. Ya avisaré.

Miss Calamar dijo
Querido perro, dos puntos: es usted una fiera, no lo dude ni un momento.
Y a Raveonettes y la buena de Polly... ¿se le puede añadir una de Klaxons? Ya sabes... ¡Esa percusión!
(esperando la próxima yo, siempre)
Tus cuatro horas siempre son de los colores más insólitos y potitos.
Besos.
14 Noviembre 2007 | 08:25 AM