Justo tras terminar de escribir el post tres de tres sobre el libro de Vila-Matas 'El Mal de Montano', y recomendarlo, sigo leyendo. Durante las horas siguientes llego, a trancas y barrancas, a la página 243. Entonces...
¿Será por haber pregonado las virtudes de esta extraña novela, que de pronto estas me parecen muy menores?
Menores en comparación con los riesgos que siempre entraña un estilo y contenido como los que caracterizan al autor; riesgo realizado, concretado en varios giros fallidos en el argumento, borrones que han hecho que el transcurso de lo que quedaba de capítulo -fin del mismo en la página 242- se me haya hecho largo, muy poco fluido. A veces, alambicado y hasta incómodo de leer, incomodidad lectora como forma menor de lo ridículo.
Procuro recordar que lo ridículo y lo sublime, muchas veces, se mezclan (o, como poco, se tocan).
Pienso que, probablemente, no sea demérito del libro, no en este caso; pienso en ello y creo que me ha ocurrido aquello contra lo que prevenía Salinger al final del todo de 'The Catcher in the Rye':
Don't tell anybody anithing. If you do, you start missing everybody.
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Jerome David Salinger y Holden Caulfield son dos imperdonables ausencias en mi incompleta lista de juegos metaliterarios pasado.
Nos llevabamos bastante bien por aquel entonces y, hoy, les sigo teniendo bastante devoción a ambos.
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Tras echar de menos el tiempo en que no le había hablado (elogiosamente) a nadie de 'El Mal de Montano', me repongo y continúo con la lectura. La cosa mejora y empeora por momentos.
Sobre todo mejora.
Y el punto final se acerca...
¡Oh!

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