Hoy he ido a comer a un vegetariano.
Al ir solo, he tenido tiempo para pensar en el lugar. Y me he dado cuenta de que, si ladieta cárnica tiene numerosos riesgos -sin ir más lejos, la falta de costumbre y el execeso de hamburguesas me pusieron malo, tras la última barbacoa del verano, mi primera en mucho tiempo-, decía, que si la carne es mala, el vegetarianismo es difícil.
No me refiero sólo a que sea difícil ser vegetariano estricto, aún ovolacteo. Ni a lo caro que sale eso en Madrid.
Me refiero a que comer en un vegetariano supone afrontar difíciles retos.
En el de al lado de mi trabajo se compensa la suerte de su cercanía con un indeleble olor a fritanga, que se adquiere nada más entrar allí. Y no se pierde hasta la ducha y la lavadora, no no y no.
La música ambiental no me parece mal, en cambio; suele ser música senegalesa, y a mi me gusta la música senegalesa, me gusta tanto Ismaël Lô que no me importa escuchar la misma cinta una y otra vez.
Además, ahora lo valoro aún más.
Hoy he ido a otro restaurante que está un poco más lejos -dos vegetarianos en el mismo barrio de Madrid, y no es el centro:¡tremenda suerte!- y la banda sonora de mi comida ha sido un no parar de almibaradas melodías new age.
He pensado en todos los que sí (y sólo sí) son vegetarianos. Y en que conozco varios vegetarianos de alma rockera, electrificada, industrial...
Y se enfrentan a la world music casi cada vez que van a por un bocado de tofu estofado. Y les sirven el seitán con Enya.
Ahí está lo difícil de su digestión.
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A favor de lo vegetal, un vídeo muy verde, canción de pop perfecta, y protagonizado por un vegano -para la ocasión ¡un montón de veganos!-.
Qué grande :-)

¡Caníbal!
¡Tú!
¿Cómo te atreves a comerte a tus familiares?