Cogimos una tela, pusimos unas letras, se la enseñamos a un cantante, el cantante -ponía su nombre y ponía "torero" imitó a un toro y, luego, cuando la lanzamos al escenario, la cogió y, primero, la colgó bien visible, para acabar envolviendose en ella la cabeza, dando vueltas mientras cantaba, caer al suelo, seguir pataleando y gimiendo...
Ya lo habréis leído, ha salido en todos los sitios solventes de información musical de la Red.

***

Al día siguiente, según la carpa en la que tocabaun grupose iba vaciando, yo me iba llenando de sudor y lágrimas. Hasta tal punto que, terminado el concierto, fui muy convenientemente obligado a comprarme una camiseta nueva y, sobre todo, seca, que ¡casualidad! Fue a ser del mismo grupo antes no citado.

***

Y más cosas. Pero necesito más tiempo para contarlas.
:-)