Lo primero, una de las otras cuestiones: acabo de ver a mis amigos -guan, chu, zri...- dar su testimonio para en el segundo vídeo de la fiesta de La Coctelera.
Todos esos malditos y mil veces malditos advenedizos dando opiniones sobre la Realidad de La Coctelera. ¡Un mal terabyte se los lleve!

¡Cómo los quiero!
En fin...

Lo segundo: vuelvo con lo mio.

***

Esta mañana pensaba en lo que voy a pinchar el próximo sábado 14, en El Museo de la Radio. Pensaba en que a mi me gusta comenzar con una introducción de tres, cuatro o cinco canciones, que me llevan hasta la siguiente en la que, creo yo, empieza de verdad mi sesión musical.
Como hoy pensaba en eso mientras sobaba un trozo de premio de los que le doy a mi perrita [ver foto], y mientras anhelaba constatar que el azar rige nuestras vidas -pensamientos como ese afloran, uno a uno, en mi cabeza, a cada momento; normalmente no hago recuento-, la idea que he proyectado sobre los peatones que me rodeaban, con la que (sin ellos notarlo) les he iluminado, ha sido la siguiente:

- Mirad, escogeré una primera canción, quizá sea algo larga, con un complicado desarrollo instrumental, cambios de ritmo, alegrías y sinsabores, como la vida. Luego irá un incierto número de otras canciones, que no sean la misma, claro, pero que, como música, sean consecuentes, afines, no homogéneas, pero sí miscibles...

La mayoría de los que estaban en torno a mi, sin saber ellos porqué, han apretado el paso; yo he seguido, hasta terminar:

-...y cuando un signo externo, previa y aleatoria o irracionalmente fijado, se presente, entonces cambiaré el tercio, dejaré terminar lo que esté sonando y acto seguido pondré una canción también escogida, de transición y, finalizada esa, ya empezará la sesión propiamente dicha. Entonces, nada de "escogido", sino sólo "cogido"; cedés que haya cogido y llevado al local y de entre los que escogeré, in situ, en vivo, lo que irá sonando hasta llegar, unas cuatro horas después del inicio, al final de la sesión.

Mi voz no ha resonado como un trueno. Pero sí ha relucido como un relámpago. Lo decía todo en silencio. ¿El qué? Lo de la sesión.

O sea, que le estaba dando vueltas a cómo empezar el asunto; por ejemplo: entra la octava persona rubia, o con gafas, o vestida de negro, de la noche al bar y, esa es la señal; entonces le pego un bocado al premio de mi perrita que me quede en el bolsillo, lo mastico, lo escupo asqueado, me des-santigüo -¡bieeen!: palabra con dieresis- cojo el cedé de Seventeen Seconds, o -en un alarde- el de Concert, pongo esa canción;y todo empieza a re-comenzar.
El azar, la diversión y eso... espero.

***

Y todo... ¿por qué?

No sólo por eso, pero he de reconocer que las amenazas de muerte y putrefacción que he recibido por parte de alguien han tenido que ver.

***

En fin:

Pincho. El Sábado 14. A partir de las 22:30 y hasta las 2:30 horas, en El Museo de la Radio (C/ Santa Ana, 8).

¿Nos vemos?
Bueno, ya insistiré.

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¡Amigos!
Que los árboles os dejen ver el bosque...


[Qué desbarajustes de formato, estilo y contendio ¡porDioss!]