Abrazo un proyecto ambicioso.
Comprarme el libro, editado por Icara , con los guiones cinematográficos de Boris Vian.
Comprarme una cámara digital.
Filmar la obra íntegra de Vian para cine con la sola ayuda de los medios antes citados y una colección de amigos colaboradores, dúctiles como la arcilla y gratuitos, no como la arcilla.
La arcilla cuesta su dinero, aunque poco si se adquiere en grandes cantidades.
Yo ya me he gastado todo en la cámara, en el libro, en las cañas para convencer a los amigos. Vaya…
Me queda el número justo de pantalones –dos- para poder vender uno y comprarme un libro.
Me cuesta leer novelas, últimamente.
Pero claramente –claro como la arcilla pintada de blanco, lacada, horneada; parece cerámica…- está claro que debo comprarme una novela.
Una novela de Boris Vian.
Esto es como una pescadilla que se muerde la cola.
De hecho, en estos momentos, una pescadilla me muerde la cola.
Un momento, y vuelvo…
(No me gusta que me muerdan la cola mientras escribo).
***
Me gustaría aclarar que se trataba de una pescadilla, no de El Pescailla. Curiosamente, en estos días post-navideños, de entre los pocos que seguimos frecuentando la oficina, destaca la voz que es tridente a las partes blanditas del oído. Lo curioso no es la voz. La voz es una razón para conectarse a los auriculares y subir la paciencia al máximo volumen.
Lo curioso es que ella salía bailando en un famosísimo documental sobre los hijos secretos del Pescailla ese, que ni he tenido el gusto de ver, ni creo que lo tuviese, aunque lo viera; o precisamente, si lo viera.
***
Abrazo el ambicioso y (hasta ahora) secreto proyecto de leerme una novela de Boris Vian.
Una más.
Traducida por alguien que entienda el francés mejor que yo, y que se exprese en castellano mejor que yo. Para no perderme ni uno de sus clásicos chascarrillos sobre El Pescailla, Lola Flores y la gente que habla a gritos en la oficina. Sobre todo eso.
Mientras tanto, me dejaré marear por el sonido amplificado hasta el infinito de la moneda que cae, ondulante, al principio de Behind the Wheel.
Que, dadas las circunstancias, es lo mejor que se puede hacer, al menos, por el momento…
Llegado el caso, y haciendo una excepción, puede que hasta escriba algo sobre el patafísico resultado de todo esto. La vida se rige por las excepciones.
Esta hecha de excepciones...
Por ejemplo, en este vídeo, la baterista más dulce y contundente y tricolor, canta:
¡Uuaah!

A mí sólo me falta "Calle de las arrebatadoras" para tener todo lo que de Vian se ha editado en castellano.
Me encanta ese tipejo :-)