Dejo para dentro de un rato -¿un rato?- lo de la primera sesión, todo el fade-in y fade-out que tan bien queda en radio y en los cedés de mezcla y que (descubro) es raro que convenga es esa especie de directo que es pinchar en un bar.
Qué bien estuvo - de momento, sólo digo eso...

***

Anoche había dos voces.
Las voces, de noche, quizá deberían ser siempre susurrantes. Suaves. ¿Gráciles? Como un baile.
Fade into...

...you.

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Resulta que uno, ahora, en lugar de su libretilla se lleva un pequeño y denso tomo de Teoría de la Literatura, para acompañar la crema de avena y puerros, el plato con ensalada, una croqueta, verduras y lentejas estofadas, y una montañita de arroz. Entre eso y el postre -yogur natural con compota de manzana- el lapiz de subrayar me sirve para escribir algo. A falta de otra superficie virgen e infinita, el señalador me sirve de libreta.

CREO
En una utilidad sin un objetivo concreto.
En un fin sin camino cierto.
Creer esto
es el principio
y quizás hasta la forma de proceder
cuando no se cree en ninguna fe
sino que la fe, ferrea y flexible
se tiene en la esperanza.

Luego me tomé una tacita de infusión y salí a dar una vuelta a la manzana antes de volver al trabajo.

***

Tal vez anoche era demasiado de noche para tantas palabras.
Hoy, con toda las teorías sobre el arte por el arte, y con la gustosa soledad para jugar con ellas, me he divertido poniendome más serio.

También puede ser que la noche sea a veces muy noche (demasiado) para según que cosas; a veces uno se equivoca.
Sin embargo, más tarde incluso, uno puede acertar de pleno. Por ejemplo, con una canción.
Me dejo ya de abstracciones prácticas - soy especialmente amigo de ellas.
;-)

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Ejem, para terminar me repito:

· Con voz clara (en silencio) y gran sentido de la utilidad: Hay que tener ... y sólo uno tiene el deber de decidir en qué.

· Con eco y pisadas: del momento cumbre de mi parte musical de la noche del sábado pasado. Ahí va: