Es curioso lo que pasa con ese texto, cuatro párrafos. Se ha quedado ahí. Las circunstancias se conjuran en su contra.
Yo soy yo –primero- y mis circunstancias. Las circunstancias van después. Es todo cuestión de carácter.
Pero claro, un texto no tiene carácter ¿y su autor?
Su autor estuvo anoche escuchando a Ben Harper (and the Inoccent Criminals) en el “nuevo” Palacio de los Deportes de Madrid.

Y esta mañana –tan especial- se ha decidido a llevar parte de la montaña a algún sitio y a sacar al profeta por ahí, que en esto de salir y bailar los profetas suelen tener tela, pues como todo el mundo sabe, el hábito no hace al martir y las cosas en general no son lo que aparentan.
El autor demuestra que, a diferencia de su texto perdido –en el camino; y que será reencontrado, seguro- el tiene más o menos, pero carácter tiene, sí. Y se hace con un texto nuevo ¿o puede que sea el mismo?
Yo no lo sé, porque las cosas no son lo que parecen. Uno, por ejemplo, dice “que no baila”, y lo dice con un falsete irresistible sacudiendo las piernas, los pies, todos y cada uno de los huesos.
El autor no sabe nada, pero escribe. Y yo lo publico, sin pensarlo mucho, que para eso gozo aún de un feliz estado de confusión, porque ayer estuve en un concierto muy bueno, volví corriendo a casa, me acosté muy tarde después de tomarme un sopinstán; y esta mañana me he levantado poco a poco, y contento, porque sigo sin ser otro; y este es un día especial.


Powered by Castpost