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De vuelta a casa, de paseo, veo que un colegio sale a mi paso; me fijo en su fachada y, de ella, en su tablón de anuncios. Qué maravilla, qué interés: se complacen en anunciar una próxima -y, se me antoja, apasionante- reunión de la Asociación de Madres y Padres de Alumnos.
O sea, del A.M.P.A.

Y yo me pregunto ¿qué se cocerá allí? ¿Se tratará de asuntos como el control del licor que, clandestinamente, se introduce en el colegio y se consume en el recreo? ¿O se discutirá qué comisión hay que cobrarle a los repetidores que venden las drogas a la salida, para que gocen de la protección del AMPA y no acaben castigados o expulsados? ¿Se decidirá, quizá, que al alumno cuyo nombre aparezca en la lista seguido de tal número de faltas, negativos y crucecitas, el profe, sin mediar palabra, se le acerque, le de un beso, el jefe de estudios cuando lo vea se lleve al alumno al cuarto de la limpieza , y ya nunca más se vuelva a saber del crío? Etcétera, etcétera, etcétera.
En fin, que me pregunto que qué mal ejemplo es ese: muy bien que sean igualitarios, pero ¿por qué, encima de mafiosos, todas esas madres y padres, son tan analfabetos? ¡Que se comen ustedes las "haches"! ¿Pero qué ejemplo es ese?
Ay, pobre juventud...
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Y sí, lectores, así de tonto es uno, casi en cualquier situación.
Y más tonto, que no contento con pensarlo, lo pone por escrito.
...ejem...